La ciencia detrás de la nutrición elemental. La nutrición elemental es un cambio de paradigma terapéutico.
La nutrición elemental es un cambio de paradigma terapéutico. Al no ser dietas de eliminación, no implica la reducción del espectro nutritivo, sino que permite tiempos de descanso digestivo y regeneración sin restricción calórica y ni de micronutrientes, por lo que se puede utilizar como un abordaje semielemental o combinarla con una dieta variada, reduciendo el número de comidas diarias.
Al contrario que los alimentos convencionales, que necesitan extensos procesos digestivos, las formulaciones elementales aportan nutrientes en sus formas moleculares más simples y predigeridas: micronutrientes, aminoácidos libres en lugar de proteínas, carbohidratos de rápida absorción y una fracción lipídica mínima. Esta configuración permite una absorción directa con un mínimo requerimiento de actividad enzimática y digestiva. Y disminuye el residuo digestivo, evitando respuestas inflamatorias derivadas de la falta de absorción y capacidad digestiva que impactan directamente sobre la microbiota y la respuesta inmunológica, siendo en gran parte responsables de la cascada inflamatoria postprandial que no solo está vinculada al perfil inflamatorio del alimento, sino al residuo no digerido por la disfunción digestiva propia del paciente, lo que fácilmente puede convertir un alimento antiinflamatorio en proinflamatorio.
En este escenario terapéutico, la digestibilidad es clave en la resolución de la inflamación y en la reversión de la malabsorcion, un gran primer paso hacia la cura.
Por estos motivos y en base a estos mecanismos, la nutrición elemental ha demostrado en estudios clínicos tener tasas de remisión en EII comparables a las de los corticoides, sobre todo en la población pediátrica, a la vez que promueve la cicatrización mucosa y optimiza el estado nutricional del paciente. Los mecanismos terapéuticos de las dietas elementales no se limitan a su valor calórico-proteico, sino que al carecer de macromoléculas complejas y proteínas, estas dietas reducen la estimulación antigénica luminal, facilitando la reparación de la barrera epitelial y modulando las respuestas inmunitarias adaptativas que mantienen la inflamación intestinal crónica.
Los estudios demuestran que la nutrición elemental reduce las citocinas proinflamatorias, incluyendo el factor de necrosis tumoral alfa (TNF-α), interleucina-6 (IL-6) y proteína C reactiva (PCR), con mejoras en biomarcadores que se correlacionan directamente con la remisión clínica y cicatrización mucosa endoscópica.
La investigación avanzada sobre el microbioma intestinal y también muestra que las dietas elementales inducen cambios taxonómicos protectores y perfiles metabólicos favorables, incluyendo modificaciones en especies beneficiosas de la familia Lachnospiraceae y en la producción de ácidos grasos de cadena media, que contribuyen a efectos antiinflamatorios y a una mejora de la función de barrera epitelial.
Tal vez lo más relevante a nivel sistémico en términos clínicos es que la nutrición elemental corrige los defectos nutricionales que acompañan a la enfermedad inflamatoria intestinal, mejorando el índice de masa corporal (IMC), los niveles séricos de albúmina y los perfiles plasmáticos de aminoácidos. Estas mejoras del estado nutricional, con frecuencia, preceden o acompañan a la remisión clínica, lo que evidencia la estrecha relación entre el estado nutricional y la actividad inflamatoria de la enfermedad.